Abrirse a lo nuevo

Por: Evelyn Fuentes Morell


Durante nuestra vida nos encontramos con una infinidad de cambios, guiados por distintos motivos y circunstancias, algunos más agradables que otros, algunos forzados y otros no tanto, algunos que nos obligan a tomar decisiones las cuales según lo que sea, nos invitan a avanzar o a retroceder, otros nos invitan a repetir los mismos patrones, los mismos errores durante años, errores que nos acomodan, que nos dan ciertas certezas y tranquilidad.


Nuestros miedos e inseguridades nos impiden avanzar, nos impiden tomar riesgos, nos limitan porque nos es más fácil seguir haciendo lo que hemos hecho hasta ahora, como por ejemplo, procurar los mismos trabajos, buscar el mismo tipo de parejas, repitiendo una y otra vez las mismas situaciones, los mismos problemas en la vida, como un círculo vicioso del cual no nos damos cuenta o que nos es más fácil ignorar, todo esto nos proporciona una aparente y engañosa seguridad, y nos satisface el también engañoso, deseo de control en nuestras vidas.


Esta repetición del pasado o de ciertas situaciones una y otra vez, nos impide estar en el presente y mirar hacia el futuro, nos lleva a rechazar la vida, a de alguna manera no hacernos responsables, a no mirar las cosas como adultos, pero si pudiésemos entender o darnos cuenta, que cada uno de nosotros somos capaces de construir nuestras propias verdades y también destruirlas.


Si miramos el pasado como un aprendizaje, como algo que ya paso y que, gracias a él, nos convertimos en lo que somos hoy, y no, como que el pasado siempre fue lo mejor o lo más cómodo de vivir, nos sería más fácil estar en el presente y tomar el futuro como aquello desconocido, siempre superior a lo anterior. Estar en el presente y orientarnos hacia el futuro es ir hacia la vida, es asentir a todo tal cual es, es un sí a la vida como es. El presente siempre es algo nuevo, mejor que el pasado.


Despedirnos del pasado, soltar todo aquello que nos impide el avance, como las repeticiones, las rutinas, las construcciones que nos hemos hecho, las creencias, aunque estas no siempre son fáciles de soltar, nos abre a lo nuevo, agradecer nos ayuda a recibir el presente, a abrirnos al cambio, a abrimos a aquello que ni imaginamos, aunque no siempre lo entendamos, aunque nos parezca un caos interminable. Aceptar el caos, el desorden, el desconcierto, el no control nos ayuda a despojarnos de lo viejo.


Pensar en abrirse a los nuevo es como saltar en paracaídas, sin ninguna expectativa, sin saber el lugar donde vamos a caer; o flotar boca arriba en medio del océano, mirar el cielo azul y dejarnos llevar por las olas sin destino, sólo con la certeza de que llegaremos a un lugar mejor; o abrir una nueva puerta que nos conduce a un laberinto, que nos invita a avanzar, a crear nuestros propios caminos para conocer nuevas tierras, nuevos mundos.

Abrirnos a lo nuevo no es fácil, pero si tenemos la certeza de que lo nuevo será lo mejor para nosotros, soltar las ataduras viejas, nos costará menos.


Dejemos atrás lo caduco, lo repetitivo, lo dañino, lo doloroso, lo heredado, lo sin sentido, lo rígido, la resistencia a lo desconocido, agradezcámoslo y demos paso a lo nuevo, como nacer a cada instante a algo nuevo, al igual que cada amanecer es siempre nuevo y único.

Por eso la invitación es a abrirnos a lo nuevo cada día, a la renuncia cada día, a descubrir nuevos aprendizajes, nuevas ideas, a reinventarnos cada día, a aceptar lo que la vida nos quiera entregar sin prejuicios, sin miedo, con una nueva mirada, a disfrutar cada nuevo instante, cada nuevo inicio, extendamos nuestros brazos para recibir de la vida todo lo mejor, aceptemos el cambio para crecer.


Como dice Bert Hellinger: “En todo momento la vida es nueva. Continúa, porque es nueva en cada momento. Cuando lo nuevo se acaba, se acaba nuestra vida”.

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