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Amor ciego

Por Eder Palencia

Miembro de la Red Latinoamericana de Constelaciones Familiares.




Es una lealtad invisible hacia nuestro sistema familiar. O dicho de otro modo, es una implicación emocional con hechos difíciles y graves que les sucedieron a nuestros familiares en generaciones anteriores. Es un amor infantil.


En este mundo moderno, individualista y dominado por la técnica uno puede reconocer su conexión con los demás a través de la tecnología, por teléfono, por la dirección electrónica, por Internet, por satélites y por la televisión. Uno se define también a través de la pertenencia a una marca o empresa: yo uso Movicom, y vos Nextel, yo Telefónica y a vos Telecom, yo Fibertel y vos Ciudad, etc. (Tiiu Bolzmann, 2003)


Todos tenemos la necesidad de definir nuestra pertenencia a algún sistema, sea económico, social, institucional. Estas pertenencias son leves y cambiantes. Más allá de ellas, existe otra pertenencia que todos tenemos, que es innegable e ineludible: la pertenencia a nuestra familia.


Todos tenemos un niño interno que desea profundamente ser igual a una persona a la que él ama. Quiere enfermar si su madre está enferma, o tener desdicha si su padre la tiene quiere sufrir la soledad si su abuelo se quedó solo, o no poder tener hijos, si aquella hermana de su mamá no los pudo tener. Siendo igual se siente unido a ellos, con su amor.


Esto le da la ilusión de asegurarse la pertenencia, que tanto teme perder.

Ahora, en este trabajo que hacemos aquí, que haremos hoy, orientamos la mirada junto con ese niño que ama hacia aquella persona tan querida por él y tratamos de conseguir que este niño pueda recibir la bendición de ese ser querido. Es decir, que este niño pueda ver el amor de su mamá, por ejemplo, y entender que lo mejor para su mamá es que él esté bien y siga su propio destino, que es diferente al de ella. Así el mismo amor que lo lleva al problema, le trae la solución. Es decir, que este niño pueda ver el amor de su mamá, por ejemplo, y entender que lo mejor para su mamá es que él esté bien y siga su propio destino, que es diferente al de ella. (Tiiu Bolzmann,2003) )Así el mismo amor que lo lleva al problema, le trae la solución. Es decir, intentamos convertir el amor ciego en un amor lúcido.


Con este amor lúcido uno ya no puede seguir ciegamente el impulso de su corazón, ahora toma en cuenta también el amor de la persona amada.


El amor ciego muchas veces es tan fuerte que incluso puede llevar a la persona hasta la muerte. Cuando un hijo que herido a su madre en temprana edad le dice: Quiero estar contigo, te sigo. En algunos casos este anhelo es irresistible y uno necesita mucha más fuerza para dirigir el deseo hacia la vida.


Algunos tienen la idea de que pueden morir en lugar del otro o llevar una culpa en lugar de otro. El motivo de esto, es también el amor ciego. Lo haría por amor, para que el otro se quede con vida. Y actuando así se siente con la conciencia tranquila porque se siente unido al otro.


Aquí hace falta correr el velo y mirar con ojos abiertos a los seres queridos y amados, dándose cuenta que este amor no sirve, no llega a su objetivo. Es aquí donde necesitamos despedirnos de este amor ciego y mágico y entender el peligro que encierra el deseo de tener la conciencia tranquila.


Aquí necesitamos un amor más grande, un amor vidente, un amor que vaya más allá del amor arrogante para poder seguir con la vida.


Hellinger propone como camino al alivio, transformar "el amor ciego" o "amor infantil", "en amor que ve" ," en amor que libera " y para alcanzar esa transformación observó que el mismo sistema es el que proporciona la información de lo que al estar faltando, al no estar siendo conocido o reconocido, genera implicancias que desordenan.

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