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Como influye la culpa en nuestras vidas.

Por Evelyn Fuentes Morell. Miembro de RELACOF


La culpa la podemos experimentar de manera consciente como un sentimiento que surge por haber causado daño a alguien, tras haber transgredido una norma, una ley o reglas culturales, que pueden ser religiosas, políticas, a un grupo de pertenencia o a la propia familia.


Por otro lado, tenemos la culpa inconsciente, la que podemos experimentar como un sentimiento general de desasosiego, una sensación desagradable, aprehensión frente a un daño que nosotros mismos desconocemos.


El ambiente emocional que heredamos de nuestros padres, de nuestra familia y de la sociedad, va creando y moldeando en nosotros el sentimiento de culpa. En la familia el sentimiento de culpa está muy presente ya que nos obliga ya sea consciente o inconscientemente a ser fieles a ella, impidiendo de alguna u otra forma nuestro avance o influyendo en nuestras propias decisiones. Pero inevitablemente cuando empezamos a ser adultos la vida nos pide que seamos independientes de la familia, que sigamos nuestro propio camino, entonces comienza la culpa como malestar, como no querer ser distinto a mi clan, como no querer sentirme excluido, como no sentir que los traiciono, como sentirme en deuda por todo lo que he tomado de mi familia, como que tengo que ser igual a ellos y seguir los mismos patrones. Entonces nuestra decisión es, o nos quedamos como niños o nos convertimos en adultos.


Existen innumerables ejemplos de culpas conscientes e inconscientes, las cuales comienzan desde nuestra infancia. Como cuando nos sentimos separados, ya sea de la familia, del mundo, de Dios, de la divinidad. Sentimos culpa por el solo hecho de vivir, culpa de ser más felices que mi familia, culpa de sentir que no merecemos aquello que nos dan, culpa de no amar como nos aman, sentirnos culpables por el solo hecho de descansar mientras otros tienen que trabajar, culpa porque salimos ilesos de un accidentes mientras otro murió, culpa por un hermano que murió a temprana edad y nosotros acá con vida, culpa porque nuestra madre murió al momento de mi nacimiento, culpa porque a costa de nuestra felicidad otros tienen que sufrir, sentimos culpa porque ganamos más dinero que nuestros padres, culpa por que nuestra vida ha sido menos sacrificada que la de nuestra familia, culpa porque pensamos distinto, culpa porque tenemos más suerte que otros y así una infinidad de ejemplos.


Entonces por ser leales al clan, preferimos tomar la decisión de no crecer, de no ser felices, negándonos a la vida, dejándonos morir, cargando con la pena, con una enfermedad o quizás en casos más extremos con un suicidio, todo esto a modo de compensación por aquello que no me siento merecedor. Voy por la vida tratando de pertenecer y hacer lo que mi familia u otros dicen, haciendo cosas que no quiero hacer, ¿Por qué las hacemos?, por el miedo a lo que puedan decir los demás, por miedo a ser rechazado, por miedo a no pertenecer. La culpa nos ata, nos impide florecer, nos hace sentirnos dignos de sufrimiento. Estas acciones se deben a un pensamiento mágico y no son más que una forma infantil de asumir la felicidad inmerecida. Y por lo tanto en lugar de ser felices agradando o viviendo la vida de otros, somos totalmente lo contrario.


¿De qué nos estamos privando sintiendo culpa?, nos privamos de ser felices, ya que la culpa nos limita, nos paraliza, nos impide disfrutar plenamente de la vida, no priva de experiencias, de tomar decisiones, de asumir retos, de cerrar círculos en nuestra vida y abrirnos a otros nuevos. “La culpa se opone al progreso y siempre radica en el pasado”, como dice Bert Hellinger.


La culpa nos mantiene infantiles, el adulto nunca siente culpa, el adulto está en el presente y en el amor a todo como es, en el amor a lo que hizo, que fue necesario en ese momento. La gratitud es un buen antídoto para que desaparezca el sentimiento de culpa.


Con respecto a vivir la vida como adulto, Bert Hellinger nos dice: “La actitud fundamental en esta manera de actuar la defino como humildad. Ella me permite tomar mi vida y mi felicidad, mientras duren, al margen del precio que otros pagan por ellas. También me permite asentir a mi propia muerte y a mi propio destino difícil cuando a mí me toque, sean cuales fueran mis culpas”.


Y entonces, ¿cuál es tu decisión?.......




Bibliografía:

El centro se distingue por su levedad, Bert Hellinger



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