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Cuento "El abrazo del amor"

Por Eder Palencia Cardenas, Psicólogo, Miembro del equipo fundador de la Red Latinoamericana de Constelaciones Familiares.

La playa era el mejor escenario para el encuentro. Y allí estaban los convocados, los que generalmente asistían al llamado.

Allí estaba el miedo con su timidez, la tristeza con su silencio, el enojo que era el más explosivo de todos, la culpa que solía ser pesada, también estaba la alegría que tal vez se considera la más esquiva y no faltaba el dolor el más asolapado de todos.


El sol, estaba en su máximo esplendor. Un poco más picante de lo normal. Así que todos se quitaron su ropa y se prepararon para ir al mar y darse un buen baño al ritmo de las olas.

Una vez estaban todos en el mar, llegó la tormenta. Eso sí, ya había dado algunos avisos como las nubes oscuras a lo lejos, las olas más fuertes y uno que otro trueno que se escuchó de forma lejana.

Con la presencia del caos acompañada de una lluvia torrencial, de vientos, relámpagos, truenos y rayos, todos salieron contrariados del mar y era tanta la prisa y la congestión que cada uno se puso la ropa que primero encontró en su camino.

Así, la tristeza se vistió de desconfianza, la rabia de agobio, la culpa de arrogancia, el miedo de enojo, la vergüenza de cinismo y la alegría de nostalgia.

Estuvieron buscando y buscando un lugar de tranquilidad para deshacerse de los estragos de la tormenta y no lo hallaban.

De tanto andar llegó un momento donde se empezaban a sentir cómodos con los vestidos ajenos. Y tal vez eso es lo que pasa cuando vamos habitando lo que no es nuestro por un tiempo extenso. Nos confundimos entre lo propio y lo de otros.

De tanto visitar lugares donde poder estar tranquilos, vieron un sitio llamativo, extraño y seductor. Entraron con cierta desconfianza atraídos por las promesas que ofrece lo nuevo.

Se empezaron a quitar los vestidos ajenos y algunos empezaban a estar adheridos a la piel. En ese momento se dieron cuenta que todos llevaban algo en común, y alguien pregunto: ¿Por qué todos nos pusimos algo que le pertenece al dolor?

Y una voz en medio del desorden expresó con cierta ironia: El dolor nos calza bien a todos, a altos y bajitos, gordos y flaquitos, monos y morochitos.

Cada intervención se hacía en medio del caos, donde sombreros, bufandas, medias, iban y venían sin que se viera posible el orden. Alguien tenía que liderar este momento, y se empezaron a preguntar quién podría hacerlo. Una voz propuso que fuera el enojo quién tiene mucha energía y pone límites con facilidad; pero otro dijo que gritaba y hacía mucho señalamiento; alguien más propuso que fuera la alegría, pero ella en su entusiasmo trataba de resolver todo rápidamente y no los dejaba expresarse, además hacia chistes en momentos inoportunos.

Después de varias propuestas alguien se propuso como líder, sorprendiendo a todos ya que no se había notado mucho su presencia, era el amor, quien eligió como coequiperos a la comprensión y el asentimiento.

Bajo está coordinación se logró conversar sobre los hechos que habían vivido antes y durante la tormenta. Por ejemplo la incomodidad al llevar un vestido ajeno, otros por el contrario expresaron que nunca habían usado colores que les encajaban bien. Otros hablaron como se golpearon al salir corriendo del mar, de lo que generaban los truenos y de los recuerdos que toda esta situación les evocaba.

Después de este anecdótico y emotivo momento, el amor propuso cerrar con un abrazo, el cual todos habían esperado no solo por este momento sino por años y generaciones. Finalmente comprendieron que la tempestad que los había llevado a camuflarse y a huir, también los llevó a encontrarse con algo nuevo, donde fue posible la reconciliación.

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