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¿DONDE ESTÁ LA CONSCIENCIA?

Una mirada desde los Órdenes del Amor.


Por Luz Betancur Posada. Psicóloga, miembro fundador RELACOF

Hemos aprendido que la conciencia es la encargada de discernir lo que está bien y lo que está mal. Muchos de nosotros hemos escuchado: “Tienes mala conciencia por no casarte y seguir en unión libre” “Tienes mala conciencia por no quedarte cuidando a tus papas”, “Tienes mala conciencia por no estudiar ingeniería como tu abuelo”. Tener mala conciencia significaría, perder la tranquilidad y no poder dormir.

¿Dónde está esa conciencia? ¿Quién o quienes son los que hablan a través de esa conciencia? ¿Ésta conciencia es individual? ¿es grupal?.

Esta conciencia se dedica exclusivamente a cuidar y a estar alerta, en donde se encuentra el “bien” y/o el “mal”. Es una conciencia que abraza el concepto de lo moral y tiene como propósito corregir nuestros actos y reflexiones para poder seguir perteneciendo allí donde nos importa sentirnos pertenecientes.

¿Qué nos diría mamá y papá y todo nuestro árbol familiar acerca de nuestra conciencia? ¿Considerarían que lo estamos haciendo bien o mal?

Existe una consciencia que es algo muy “especial”, es muy diferente a la conciencia que se encarga de lo bueno y de lo malo y que nos hace pensar que sin ella no podríamos existir, y que sin ella moriríamos.

Esta consciencia “especial” es más amplia. No se ocupa de si algo es bueno o malo, porque no se rige por esos conceptos, en esta consciencia nada puede morir, en ella, todo tiene cabida, todos tienen su lugar y nunca lo perderán. Esta consciencia no tiene principio ni fin, no coloca etiquetas, en esta consciencia todos nos sentimos en libertad.

¿Y quién posee esa consciencia? No le pertenece a nadie y todos pertenecemos en ella. Es una Consciencia espiritual, de pensamiento puro, todo lo crea, todo lo permite, porque todo cuanto sucede tiene un MOTIVO SAGRADO.

¿Cómo ir al encuentro de esta consciencia puramente espiritual? Todo ser que está físicamente vivo está conectado a ella. Estamos todos unidos a ella físicamente y cuando ya no estemos vivos, estaremos unidos espiritualmente a ella. Somos conscientes de ésta consciencia a través de nuestro cuerpo en presente. Desde esta conexión sentimos en nosotros el anhelo de extender y ampliar aún más nuestra mirada de la realidad, ampliar nuestro corazón, abriéndolo a todo como es, y a todos como son. Desde esta consciencia surge en nosotros el anhelo de entregar nuestra energía al movimiento del Amor incondicional y compasivo. Desde ésta conexión dejaríamos de gastar nuestra energía luchando por pertenecer a un “lugar”, cuidando una imagen que se desvanece con facilidad. Desde la conexión con esta consciencia ya no estaríamos más preocupados. Nos OCUPARIAMOS de ser, estar y hacer… Según el plan del Alma… Y trabajaríamos en todo momento en nuestro interior para estar mas conscientes de ésta Consciencia.

Seríamos “conscientes infinitamente”, y ¿esto en la práctica qué significa? Decidiríamos “estar presentes”, vivir cada día, soltando los juicios morales, ampliando nuestra mirada de los otros, dejando de etiquetar y de enjuiciar a los otros por su comportamiento.

“Por sus frutos los conoceréis” dijo la persona de Jesús. Y también dijo: “Y el Padre Dios que está en los cielos que es pura bondad hace llover sobre todos, sobre pobres y ricos, sobre buenos y malos”.

Conscientes infinitamente significa decidirnos amarnos incondicionalmente a nosotras (os) mismas (o) soltando la conciencia estrecha que genera miedo y bloquea nuestro fluir con la vida. Conscientes infinitamente es agradecer por todo, siempre y en todo momento.

Conscientes infinitamente es ser conscientes de que nuestros pensamientos, nuestro sentir y nuestro actuar estén al servicio de la vida, siendo conscientes de que cada paso que damos también nos acerca a la muerte.

Referencia Bibliográfica:

Bert, Hellinger. “Mistica cotidiana” Caminos de experiencias espirituales. Editorial Lepik. Buenos Aires, 2013.

Bert, Hellinger. “Despues del conflicto, la paz”. Editorial Lepik. Buenos Aires, 2006.

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