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El camino de Eluney

Por Evelyn Fuentes Morell, miembro de RELACOF


En algún lugar del mundo, en un pequeño pueblo, vive Eluney junto a su padre, de su madre no tiene recuerdos ya que murió cuando él nació. Siempre se culpó por la muerte de su madre. Aunque su padre siempre se preocupó de darle mucho cariño, esto nunca pudo suplir las caricias y el amor que anhelaba de su madre. Eluney nunca pudo borrar las sensaciones de soledad, abandono, sentirse incompleto y el gran vacío y dolor que habitaba en su corazón, sentimientos que a veces lo hacían caer en un pozo oscuro y profundo.

Eluney, siempre fue un buen hijo, muy disciplinado, ordenado, obediente, nunca causó problemas a su padre, porque en el fondo muy dentro de él, no quería que su padre también lo abandonara.

Siempre en el pueblo fue el bicho raro, el que no encajaba, los juegos que a los niños de su edad divertían a él no le interesaban, casi no tenía amigos, su entretención eran sus libros, intentando buscar en ellos la respuesta al por qué su madre había muerto o qué provocó él para que ella muriera.

Cuando Eluney cumplió la mayoría de edad, decide ir donde el sabio del pueblo, para preguntarle si él podía ayudarlo a sanar y entender sus sufrimientos, a lo que el sabio contestó: “ya no busques más explicaciones a la muerte de tu madre, agradécele la vida y continua con la tuya, de lo contrario te quedaras atascado, debes mirar dentro de ti, desde ahí debes sacar tu fortaleza”. Para Eluney esto no fue suficiente, lo miró fijamente con una sensación de rabia y tristeza a la vez, y se marchó pensando que ese hombre no era lo suficientemente sabio como para darle una solución.

Su padre al verlo tan triste, y con la gran ternura que lo caracterizaba le dijo: “en un lugar muy lejano en las montañas, existe un gran sabio, que tal vez podría responder a tus inquietudes, pero para llegar a él, tendrás que recorrer grandes distancias y quizás tu vida podría correr peligro”.

Eluney en su obsesión por encontrar respuestas, decide ir en busca del gran sabio sin importar los peligros. Se despidió amorosamente de su padre y comenzó su viaje. Aunque llevaba poco equipaje, la espalda le pesaba.

Ya internado en las montañas y después de haber caminado muchos días solo, comenzó a tener conversaciones consigo mismo. Se dio cuenta de que, a pesar de haber sido muy solitario, nunca escuchaba su voz interior, no escuchaba su corazón, se dio cuenta entonces que siempre buscaba fuera de él.

Mientras caminaba escuchando la música provocada por el viento y los árboles, junto al canto de los pájaros, se encuentra con un río, no sabía si tenía que cruzarlo, mientras pensaba en su decisión, un águila posa en su hombro, y le dice: “entra en el río y sumérgete en él, mientras lo hagas suelta todas las mochilas que llevas en tu espalda, todo ese peso que no sabes bien de donde viene, todo lo que te duele, todas las responsabilidades que no te pertenecen, deja que la corriente del río se las lleve, porque ya no son necesarias, siéntete libre y mira como las mochilas se van con la corriente del río”. Luego de que soltó una a una sus mochilas, el águila le hablo nuevamente. “Empápate ahora de toda la energía del rio, siente como el agua limpia tu cuerpo, sal del río completamente renovado y continua tu camino”.

Eluney retoma su camino, se siente aliviado, el peso de su espalda ya desapareció. Aunque el vacío, las heridas y tristezas en su corazón, aún permanecen.

Una noche mientras contemplaba el fuego, muy sigilosamente se le acerca un lobo, lo observa tiernamente y le dice: “mira fijamente el fuego, concéntrate en él, imagina que eres tú esa llama e ingresa a lo más profundo de tu ser, mira ese vacío interno, enfréntalo y acéptalo, mira esa herida que llevas, enfréntala y acéptala, ahora mira esa profunda tristeza, enfréntala y acéptala. Conéctate con todas tus emociones y llora si lo deseas. La cura se da a través de la conexión personal con tu alma y con la gran alma. Lánzate al vacío y confía”.

Una vez hecho esto, Eluney se recuesta junto al fuego y duerme profundamente.

Ya faltando poco para llegar a su destino, Eluney se encuentra con una planicie verde llena de flores, colores y aromas, se recuesta de espaldas sobre la hierba, con los brazos estirados como queriendo abarcar el inmenso cielo, respira profundamente como para que no se le escape ningún aroma y deja que el sol penetre por cada uno de sus poros, siente el corazón hinchado, con una alegría que pocas veces ha sentido y con un presentimiento de que algo grande le va a suceder. Mientras él se encuentra absorto en sus sensaciones, poza sobre él una mariposa, la que susurrándole al oído le dice: “cierra los ojos, concéntrate muy bien y piensa en tu madre, imagínala, siente su presencia, siente su abrazo, siente ese amor tan profundo, siente como se llena el vacío de tu corazón. Eluney está maravillado, su madre es tal como la había imaginado, ambos se abrazan, no quiere que este momento termine, pero su madre besa su frente y se despide porque sabe que ahora ya sabe cuánto lo ama. Él llora de felicidad, ahora tiene una gran certeza, la certeza de que su madre siempre estuvo y estará ahí, siempre lo amo. Se despide de su madre, la abraza por última vez y le dice:” mamá gracias por darme la vida, de hoy en adelante viviré mi vida”. Eluney siente una fuerza incontenible que lo impulsa hacia adelante.

Aún sumido en el éxtasis, luego de repasar una y otra vez el encuentro con su madre, Eluney se pregunta si será necesario encontrarse con el gran sabio, ya dejó sus mochilas, sanó sus heridas, sintió el abrazo de su madre, todo lo que buscaba ya lo encontró. Decidió continuar su camino, sólo por la manía que tiene de no dejar nada inconcluso.

Al llegar donde el gran sabio, se encuentra con un anciano de mirada dulce y compasiva, el cual le trasmite mucha calma. El sabio con voz suave y amorosa le pregunta: ¿ya encontraste todas tus respuestas?, a lo que Eluney responde: Si, ya las encontré, y ¿Usted cómo lo sabe?

Fácil respondió el sabio, te envié un águila la cual representa el espíritu y la valentía, luego un lobo con el poder de la enseñanza y guía hacia lo sagrado y finalmente una mariposa, con el poder de la transformación, cada uno de ellos contribuyó a tú sanación. ¿Ya te sientes completo? Si, contesto Eluney.

Bueno dijo el gran sabio, yo sólo tengo una sola cosa más que agregar, existe una fuerza que integra todo lo que ya viviste, esto es: Agradecer y aceptar todo tal como es. Es, un Sí a Todo.


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