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El secreto es el asentimiento

Por: Laura Coy Molina



Ella caminaba por la vida, sin rumbo, perdida en sus pensamientos y en sus emociones, sintiéndose víctima de las circunstancias, culpando a los demás por lo desdichada que se sentía. Cada día experimentaba una tristeza más profunda que la llevaba a sentirse desconectada, sin energía, sin vida. Lentamente se fue apagando y cada día le encontraba menos sentido a su vida.


Su mundo se había vuelto gris, ya nada la impresionaba, nada la motivaba, nada la apasionaba, sus relaciones eran superficiales, porque en realidad no le interesaba relacionarse con nadie y cuando lo hacía, sus interacciones estaban marcadas por los juicios, las quejas y los reproches.


Una noche, sintiéndose muy cansada de su vida se acostó a mirar el cielo estrellado, en el que también se asomaba un cachito de luna que le sonreía, se sintió tan sola y tan vacía que comenzó a llorar. Fue un llanto tan intenso que se quedó dormida y entró en un profundo sueño en el que comenzó a ver su vida como si fuera una película.


Pudo ver el momento de su nacimiento, la felicidad de sus padres al tenerla en sus brazos y el amor para educarla de la mejor manera posible. Se vio a sí misma creciendo como una niña feliz, espontánea, y llena de curiosidad ante la vida. Se vio tomando sus propias decisiones desde la rebeldía, la rabia y el reproche para “hacer su propia vida”. Logró percatarse de todas aquellas acciones que la habían llevado a sentirse sola, deprimida, amargada y desconectada de la vida; y justo ahí se despertó.


Se levantó sobresaltada, impactada y consciente. En su interior resonaba la palabra “Asentir”, al darse cuenta que que asentir significaba decir “SI a todo tal como es”, algo se iluminó en su interior, pues al recordar todos los momentos en los que había juzgado, rechazado y deseado que las cosas fueran diferentes logró ver que estaba luchando con la vida y que esa lucha estaba acabando con ella.


En ese momento se prometió a sí misma hacer del asentimiento su filosofía de vida, sabía que era un desafío, pues estaba acostumbrada a quejarse por todo y a querer que fuera diferente, pero era un reto que deseaba asumir para reencontrarse con la magia de la vida, honrando su historia, la de sus ancestros, dándole un lugar en su corazón a cada persona y a cada experiencia vivida, agradeciendo por lo aprendido y disfrutando de cada instante.


Su vida comenzó a tomar un nuevo color, se sentía con más energía y se fue llenando de fuerza interior para hacer todo lo que había deseado, para tomar las riendas de su vida. Ahora le encontraba un sentido profundo a cada momento, se sentía despierta y viva. Sus relaciones se hicieron más significativas y la alegría genuina rebosaba en su interior.

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