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LA FUERZA DEL AMOR


Por Eder Palencia, Psicólogo. Miembro de RELACOF


Maik vivía con sus hermanos y su mamá. Hacían parte de una comunidad de perros amigables y tranquilos. Maik se distanciaba de ellos, era como si hubiese nacido enojado. Cuando los otros amamantaban, él mordía; cuando los otros jugaban, él gruñía; cuando lo miraban y acariciaban, él huía. Sus amigos y familiares le decían que dejara esa cara de amargado, él respondía que era la única que tenía. No se daba cuenta de las cosas de la vida por andar mirando siempre al piso. La mamá preocupada le consulta al psicoveterinario de familia: ¿Qué pasa con Maik, doctor?, pasa todo el tiempo enojado, refugiado en su ira como si fuera su escudo, muy distinto a otros perros de la familia; éste le responde: déjalo crecer, ya encontraremos la razón de lo que le pasa.

Un día Maik, fastidiado salió a caminar al parque, cuando fue sacado de su quietud al ver pasar al lado suyo un perro que había nacido con el corazón adolorido. Fue tanta la atracción que alcanzó a expresar una mueca y sin saber empezó a seguirle. La madre estaba por esos lados y al ver la escena se preguntó en voz alta: ¿Qué le pasó a mi hijo amargado y resentido? Un perro anciano que conocía la historia de los dos, expresó: tranquila, el enojo generalmente sigue al dolor.

Los dos perros se hicieron buenos amigos y se entendían bien, uno con el dolor, otro con el enojo. Cuando pasó una perra coqueta, que meneaba su melena de un lado a otro y movía su cola al ritmo de su caminado, los dos nuevos amigos se miraron y algo había pasado con esa melena que vieron. La perra pasó por el lado de ellos y les dijo: dejen esa cara muchachos, uno con cara de rabia y otro con cara de dolor y de lastima. Ellos sin decir palabras siguieron su corazón y a esa cola que bailaba al caminar. Y a medida que la seguían algo se iba transformando en el rostro de esos dos seres, por primera vez eran concientes que podían hacer algo distinto. La madre de Maik nuevamente vio a su hijo y exclamó: ¿Y ahora qué le pasó a éste?. El mismo perro anciano, le respondió: Tranquila mamá, la fuerza del amor puede transformar el enojo y el dolor.


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