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Los laberintos del padre

Eder Palencia Cárdenas. Psicológo, constelador familiar. Miembro de RELACOF



La mitología griega relata que existió un lugar llamado el laberinto de Creta, una compleja red de túneles subterráneos, donde yacía el temible minotauro que devoraba a los hombres. Un lugar donde lo más fácil era perderse y caer en la oscuridad. El mito también relata que existió un hombre convertido en héroe, llamado Teseo, que se atrevió a entrar al laberinto y derrotar al minotauro, contando con la ayuda de Ariadna, la mujer que le brindó un hilo para orientarse y no perderse en el laberinto.


Así como en el mito, el padre, los padres, la gran mayoría de ellos tienen que atravesar el laberinto de Creta, una serie de túneles que necesitan transitar para ocupar su lugar de una manera más ordenada y luminosa, para no caer en un rol común en los sistemas familiares y la cultura: estar a la sombra de, no ser protagonista. Para eso se requiere la actitud heroica de Teseo.

Esto nos lleva a considerar la hipotética premisa que el lugar del padre es un lugar complejo, y por qué puede serlo?

Ese lugar complejo puede estar marcado por una serie de particularidades que se exponen a continuación.

  • El padre llega un poco más tarde a ejercer su lugar. En gran medida porque la biología dota a la madre de condiciones diferentes que crean fácilmente una diada con el hijo, a través del condón umbilical. El padre se suma luego a ese duo, incluso con un poco de desventaja.

  • Esta manera inicial, cómo se establece cada relación, hacen que sean diferentes. Ni más ni menos, sólo que padre y madre crean una forma particular de llegar al hijo.

  • Relación matizada por la madre. La relación que construye el padre con el hijo está muy influenciada por el lugar que la madre le dé a su pareja, al padre. Bert Hellinger plantea que al padre se le toma a través de la madre, es ella la que da el permiso al hijo para tomarlo.

  • También el padre tiene que tomar ese lugar entregado, hay mujeres que respetan ese rol y ellos no lo toman o no pueden tomarlo, por eso se excluyen o abandonan. Aquí también se puede precisar, que el padre necesita la ayuda de una Ariadna, que le comparta el hilo conductor para hacerse visible.

  • Los mandatos culturales. El padre se enfrenta día a día a una cultura que posee todo un arsenal de juicios y prejuicios, de mandatos que se convierten en leyes, de frases excluyentes. “Madre solo hay una, padre es cualquiera”, “los hombres no sirven para nada”, “yo sola puedo”, “hijo, no necesitas de él, toma todo de mi”. Todas estas premisas hacen que el padre tenga que enfrentarse a un camino laberíntico para ocupar su lugar.

  • No hay claridad sobre el lugar. El lugar del padre se ve usualmente sumido en una falta de claridad, demasiado cerca o demasiado lejos, genera ruido. La mujer es más de retener (en el útero las madres contienen e igual sigue siendo afuera) y el hombre es más de soltar, el hombre es el encargado de darle la fuerza al hijo para ir a la vida con todo lo que se necesita. Es quien empuja para ir hacia el mundo con fuerza y seguridad.

  • Los dolores del padre. En este punto es importante detenerse un poco más y para eso se plantea la siguiente pregunta: ¿Qué le duele al padre?. Y esta pregunta es importante porque reconociendo lo que le duele, podemos acércanos a su humanidad, a su vulnerabilidad y a su historia.

Se pueden plantear algunas respuestas devenidas de la experiencia clínica y grupal. Al padre le duele que se le excluya, que no se le dé su lugar, le duele no expresar sus emociones porque creció en contextos donde los hombres no se les permitía emociones como la tristeza. Le duele no sentirse validado, la soledad, no tener autoridad, ser ignorado, su historia, callar su dolor, no saber qué le duele, no poder dejar de repetir, la ausencia de su figura paterna, no poder comunicar, los estereotipos masculinos.


Para finalizar, nos queda una última pregunta. ¿Cómo reencontrarse con esa figura?


Lo primero para decir es que no hay caminos prestablecidos, ni dibujados; así como no hay un solo tipo de padre, tampoco hay una única salida.


Siguiendo la teoría de los órdenes del amor es importante reconocer la historia del padre, ver con nuevos ojos esa vieja historia conocida. Ampliar la mirada o tener un nuevo tipo de mirada. Alejarnos de la mirada que juzga, rechaza y no reconoce. No se tiene que esperar que el padre mire al hijo, podemos mirarlo y mirar a donde mira y mirar su destino.


Al padre estar en ese lugar complejo, en esa situación laberíntica, es importante tener una mirada compasiva, una mirada que acompañe y facilite transitar el laberinto con su fuerza, la fuerza del padre.

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