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QUE NO NOS SEPARE EL COVID.

Por Luz Betancur Posada. Mg. Psicóloga.

Miembro de la Red Latinoamericana de Constelaciones Familiares.

Miembro de la Asociación Española de Constelaciones Familiares y Sistémicas.


QUE NO NOS SEPARE EL COVID.


Es tiempo de unión, de disipar la creencia de separación”.



Para tod@s está siendo muy agotador, para unos, está siendo más difícil que para otros, y para tod@s será algo que nunca olvidaremos. Y es que el virus entró sin avisar, irrumpió en nuestras vidas como ladrón queriéndose llevar de nuestra casa lo que amamos. Y es que el virus entró y se instaló en casa, en la mejor habitación, arrinconando a toda la familia. A todos nos invadió el miedo con solo verlo, con oler su aroma a muerte y con sentir, que como dueño de casa pretende separarnos.


Hace tiempo que venimos vulnerables, nos debilitamos cuando perdimos la memoria. En tiempo atrás éramos la familia humana, cobijados por el Padre Cosmos y nutridos por la Madre Tierra, este paraíso fue olvidado y desde entonces comenzó nuestra decadencia como familia. Olvidamos la familia que somos por lo que ya no nos cuidamos con amor. Y cuando el amor es frágil, llega de afuera cualquier extraño, nos pone a prueba. Llegó el virus, levantó la alfombra dejando al descubierto la mugre guardada.


¿Qué nos sucede? ¿Es más grande el miedo que el amor? ¿No hemos aprendido de la dolorosa historia? ¿Queremos repetir las humillantes exclusiones? ¿Quiénes son los buenos? ¿Quienes los malos? ¿Es el virus? ¿O son los humanos? ¿Los que permanecen en el encierro? ¿Los que hacen fiestas clandestinas? ¿Quiénes son las víctimas? ¿Quiénes los villanos? ¿Es el virus? ¿O será la vacuna? ¿Son los rezagados? ¿Los que se vacunan? ¿Los que mueren por el virus? ¿O los muertos por la vacuna?


¿Será que el Padre Cosmos y la Madre Tierra excluirán de la gran familia a las víctimas o a los victimarios? ¿Será tanta su crueldad que condenarán y enviarán a los profundos infiernos aquellos hijos, que por sus comportamientos son señalados como las ovejas negras de la casa? Estoy segura que no, conozco a mis padres porque de ellos vengo, de allí viene mi certeza. Entonces me pregunto una y otra vez sin encontrar respuestas, ¿por qué nos estamos excluyendo entre nosotros? ¿por qué estamos los hermanos, asesinando unos a otros? ¿hemos regresado a la época de Caín y Abel? Matarse entre los hermanos se volvió natural, a nadie parece importarle que mamá y papá se queden sin algunos de sus hijos.


Tengo la esperanza, que al partir este extraño inquilino que invadió nuestra casa, muchos de nosotros hayamos recobrado la memoria. Tengo fe en mí y en mis hermanos, sueño con el momento en que al marcharse este virus de nuestras vidas, podamos mirarnos a los ojos y decirnos los unos a los otros: “Tú también perteneces a la familia… Tú hermana, hermano mío, aunque te hayan llamado oveja negra, tienes tu lugar en casa y un lugar especial en mi corazón por siempre”.

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