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Reflexiones de pareja en torno a un buen café

Por Isabel Cristina Marín Restrepo. Psicóloga – Teóloga. Miembro de la Red Latinoamericana de Constelaciones Familiares.



Y de repente, me sorprendió una mañana con un delicioso café.

Excelente forma de acompañar el inicio del día: una taza de café.

Cuando leí su nombre: AMOR PERFECTO, EL CAFÉ DE LOS AMANTES, me saco una sonrisa incierta y comencé a meditar. Finalmente, meditar, es pasar lo que sucede por el corazón para sentirlo y aprender.

¿Realmente existe amor perfecto? La palabra “perfecto” me llevó a contemplar el trasfondo necesario en una relación de pareja.

Podemos tomar la palabra “PERFECTO”, de dos formas, pensé: la primera, una perfección que no acepta errores, que busca cambiar al otro sacándolo de su esencia y llevándolo poco a poco a nuestra imagen de él, a nuestra imagen y semejanza. Una imagen que la creamos nosotros o quizás la pudimos heredar de nuestra familia, en la imagen interna de lo que, desde ella, se espera sea una pareja.

Una perfección que puede sentirse incluso en nombre del amor, es decir: “Cómo te amo, quiero lo mejor para ti y por eso te deseo distinto a ti, igual a mí, es por tu bien y por amor que te cambio”.

Esta perfección, es como si un león o cualquier animal terrestre (o viceversa), sacara a un pez del agua con el fin de amarle, “ayudarle a estar mejor”, para que “crezca”, o para que se vea mejor. Esto poco a poco mata al otro porque lo saca de sí, y finalmente, muere la relación de pareja.

La segunda forma de ver este AMOR PERFECTO, es cuando logramos ver a nuestra pareja admirando su conjunto, partiendo del hecho que es un ser completo en sí mismo, perfecta tal y como es, sin cambiarle, respetando su esencia, su forma, su familia, su cultura.

Entonces, es perfecta así tal como es, y mi alma reconoce su alma sin que ninguno sea superior: por eso se llama pareja.

Así pues, le ve, le respeta, le deja ser, admira su esencia, respeta su ritmo y sus procesos, y al no querer cambiarle, resulta perfecta en su misma imperfección.

Una relación de pareja, como expresó alguna vez Hellinger, está conformada por dos seres humanos, no por un santo y un pecador, sino dos adultos que caminan siendo fieles primero a su propia alma para luego, abrirse a caminar y construir juntos proyectos y senderos nuevos, construyendo entonces un AMOR “PERFECTO”.

A partir de esta reflexión no existen entonces “medias naranjas”, sino una naranja completa, que camino junto a una manzana completa y ya está. La pareja crece cuando somos realmente pareja, cuando ninguno de los dos se posiciona como juez o tutor de los que el otro debe hacer, cuando caminan juntos dos adultos que se saben perfectamente humanos.




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